El término «máscara» puede provenir del árabe maskarah que significa bufón o del latín Mascus que significa fantasma.

Se trata de una copia fiel del rostro de una persona fallecida recientemente obtenida por la técnica de vaciado en yeso y luego reproducido por medio de materiales fluidos de punto de fusión bajo tales como cera de abejas o este mismo material combinados con resinas con el objeto de obtener un retrato en tres dimensiones positivo del rostro, lo más cercano al rostro en vida del difunto.

LAS MÁSCARAS MORTUORIAS MÁS ANTIGUAS

Las máscaras más antiguas hoy conocidas, que se remontan a 9.000 años atrás, proceden del desierto y las colinas circundantes de Jerusalén.

Las quince máscaras datadas en esa fecha, fueron fabricadas con piedra y pesan entre uno y dos  kilos. La más grande mide 30 cm de altura. Todas ellas representan caras masculinas. Su forma es oval, siguiendo proporciones del rostro humano. Cada una exhibe una fisonomía y tiene unas dimensiones diferentes para individualizar sus rasgos y lograr el parecido con determinados individuos que seguramente eran personajes destacados en la comunidad.

Máscaras de hace 9000 años

Las máscaras tienen orificios en el lugar de los ojos y algunas muestran una boca abierta que permite ver una hilera de dientes. En otras se adivina todo tipo de detalles, como bigote, barba, y hasta las bolsas bajo los ojos. Ello hace pensar que solo se consideraban dignos de esta inmortalidad pétrea los varones de edad avanzada.

Algunas máscaras de aquel entonces parecen modeladas directamente sobre la calavera. Muchas tienen los pómulos prominentes, las cuencas orbitales muy marcadas y la sonrisa macabra de la muerte.

Las perforaciones que exhiben en el borde exterior eran utilizadas para fijar una peluca, dándole así a la representación un aspecto más naturalista. Aún se conservan pegados folículos capilares y hasta restos de la pintura que cubría las máscaras.

Se usaban sobre la calavera del difunto o quizá sobre el rostro de quienes oficiaban los rituales para honrar a los muertos.

Se conoce que se llevaba a la práctica esta técnica durante el periodo que reinó la Antigua Roma, conocidas por aquel entonces como maiorum imagines. Anteriormente también se había visto en el Egipto de los antiguos faraones.

Durante la Edad Media, en Europa (Entre los siglos V y XV) se retomó esta moda fúnebre para las gentes de extractos sociales altos. Querían obtener una copia fiel del rostro de un personaje tenido por principal en la sociedad de aquel entonces.

Posteriormente la costumbre de obtener un retrato fiel del fallecido se intensificó en los siglos XVIII y XIX

CREACIÓN DE LAS MASCARILLAS EN LA ANTIGUA ROMA

Tras exhalar el pater familias su último suspiro, un escultor sacaba el vaciado del rostro del cadáver y el positivo en cera del mismo, que se pintaba procurando que sus colores imitasen lo más cerca posible los del rostro vivo.

Durante la exposición del cadáver, la máscara era colocada sobre su rostro o sobre un maniquí al que se le daba la postura y actitud del difunto. Después de la exposición, el retrato de cera o effigies del cadáver era llevado al foro.

Esta mascarilla se guardaba en el armario de madera instalado al efecto en el atrio de la casa, con el títulus en que figuraban su nombre, cargos, triunfos, conquistas y otros méritos.

En compañía de las de los miembros de la gens que componían la galería de antepasados, esta mascarilla estaba destinada a figurar en todos los funerales que la familia celebrase en honor de sus muertos, llevada siempre por un sujeto cuya figura se pareciese mucho al personaje representado.

Se trataba de un rito arcaico cuidadosamente preservado por la aristocracia romana, como res privata, para educar a sus hijos en la virtus y desplegar ante el pueblo los servicios a Roma de la gens.

SALUSTIO: «He oído muchas veces a insignes varones de nuestra ciudad afirmar que cuando miraban las maiorum imagines sentían en su ánimo un vehemente anhelo de alcanzar la virtus (la hombría, el valor del varón, vir). Es de saber que ni aquella cera ni aquella figura tenían en sí tamaño poder, sino que la memoria de las acciones llevadas a cabo encendía esta llama en el pecho de los varones egregios, llama que no se amortiguaba hasta que su virtus igualaba la fama y la gloria de aquellos antepasados».

Mascarilla y retrato son el recuerdo permanente del difunto, tanto si era joven como viejo. En varias regiones de Italia y Magna Grecia se hacían desde época clásica bustos de terracota grandes y pequeños, cortados horizontalmente. Unos representaban a diosas y a dioses; otros -especialmente en la Italia no griega de los siglos últimos de la República-, a personas vivas o muertas.

En la antigua Roma,el cuerpo de Julio César fue cubierto con materiales endurecedores y luego vaciado en cera de abejas para ser exhibido a los pies de Marco Antonio en la escalinata del Senado.

Máscara Mortuoria de Cayo Julio Cesar, 44 aC

En la Italia del Quattrocento. Tenían la doble ventaja de ofrecer al retrato una base muy estable sin necesidad de peana y de que, cortado sencillamente, el busto, sin otra pretensión, daba a la cabeza una grata prestancia con respecto al cuerpo. Pero al fin la llamada a imponerse como clásica fue la forma de busto exiguo y corte convexo, propio de cabezas destinadas a insertar en estatuas o en hermas. Los romanos no tuvieron inconveniente en adoptar de los griegos aquella solución a la que habían de sacar notable partido.

LAS MÁSCARAS EN LA ACTUALIDAD

Actualmente, la policía forense utiliza esta técnica para reconstruir rostros de víctimas y victimarios usando avanzadas técnicas informáticas.

También es usada esta técnica en el mundo del arte para hacer copias vivas de rostros de personas en vida usando polímeros tales como resinas, poliuretanos, etc. Muchos personajes históricos han dejado un legado post mortem de su rostro. A continuación vemos unos ejemplos.

«MAIORUM IMAGINES» DE PERSONAJES ILUSTRES

1327 a. C – Tutankamon

1321 – Dante Alighieri

1616 – William Shakespeare

1790 – Benjamin Franklin

1799 – George Washington

1821 – Napoleón Bonaparte

1827 – Ludwig van Beethoven

1865 – Abraham Lincoln

1872 – Benito Juárez

1920 – Amedeo Modigliani

1926 – Antoni Gaudí

1943 – Nikola Tesla

1975 – Francisco Franco

1980 – Alfred Hitchcock

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